La informática es una profesión vocacional. Cierto, hay gente que no ha estudiado esto y programa (o lo intenta), o que trabaja en el sector sin ser Informático. Pero es algo vocacional. De otra manera nadie aguantaría unos estudios en los que no hay nadie del otro sexo, sólo tíos raros y feos y frikis ¡horror!, ¿yo soy otro de esos?. Y encima, cada 10 años ¡vuelta a empezar!. ¿O alguien usa el S.O. de hace 10 años? ¿Windows 98, alguien se acuerda? Con XP (que salió en 2001) parecía que se iba a romper esta tendencia de cambiarlo todo cada 10 años, al personal empieza a gustarle lo vintage.
En fin, que me pierdo. Una vocación, decía. Un ritmo de aprendizaje muy alto. Y algo en lo que no trabajas, es algo que vives. Porque luego llegas a casa y te pones con los chismes. A hacer lo que sea, pero con tus ordenadores de casa. ¡Después de haber estado 10 h en el trabajo delante de una pantalla! . No tenemos arreglo. Yo digo que hay dos tipos de informáticos: los que van 8 horas al días a su trabajo y luego quieren tener “su vida social” y los que no podemos evitarlo y seguimos en casa ![]()

Pues bien, si tienes pasión por esto, si de verdad te gusta ¿has notado lo que te frustra no poderle contar tus frikadas a nadie? Vale, que le cuento a mi novia que la arquitectura MVC y la última versión de eXist son la leche, y que el Android 2.2 es brutal. Pero como que me mira como si le hablase en Chino, y me sonríe por apoyarme, pero no porque le interese. Esa es la razón de que tantos informáticos tengamos blogs: tenemos una necesidad reprimida de enseñar nuestros juguetes y nadie nos entiende. Echamos de menos esas charlas de café, en la facultad, cuando alguna eminencia de compañero te enseñaba su última frikada o su último cacharrito o se nos pasaba la tarde intentando resolver aquel problema o hacer aquella maldita práctica.
El caso es que los informáticos precisamos de una terapia de grupo, donde poder curarnos de todo eso que queremos contar y no podemos. Queremos ver que a alguien le mola que le enseñamos nuestro código, o sentir envidia sana cuando llega otro que sabe 10 lenguajes más que tú. Y ver los portátiles, qué herramientas llevas instaladas, qué trucos sabes, etc.